Saltar al contenido
Fractura Superada

Mi historia: cómo fue mi accidente en moto y mi recuperación

Última actualización:

Yo, con un jorongo negro y blanco, en un balcón con barandal de herrería; atrás se ven un teleférico, una iglesia y montañas con neblina.

Soy Luis Miguel Malacara. Fractura Superada es el blog donde cuento mi recuperación después de un accidente en moto que me dejó una fractura expuesta de tibia y peroné.

No soy médico: soy un paciente que ya pasó por dos cirugías, un fijador externo, rehabilitación y los trámites del IMSS. Comparto lo que viví, junto con lo que investigué en fuentes médicas confiables, para que a alguien más le sirva.

Cómo fue el accidente

Llevaba más de ocho años manejando moto. Esa madrugada iba camino al trabajo, con botas, chamarra de piel y casco puestos.

Eran las 6:40 de la mañana y transitaba por una avenida con poco tráfico. A una cuadra vi una camioneta que parecía preparada para dar vuelta. Seguí avanzando y, al ver que no se movía, supuse que me daría el paso —ese fue mi primer error—, porque en lugar de eso aceleró cuando me aproximé. Mi segundo error fue intentar esquivarla: eso terminó en un impacto directo de la defensa de la camioneta contra mi pierna izquierda.

Mi instinto me hizo acelerar y girar hacia el lado contrario, pero la defensa de la camioneta hizo contacto con mi pierna. Por suerte salí proyectado y no quedé debajo de la camioneta ni de mi moto; la moto sí quedó atrapada.

Yo nunca había contratado un seguro para la moto, pero el conductor de la camioneta sí tenía uno, así que esperamos la ambulancia que mandó su aseguradora. Mientras tanto, alguien pidió una ambulancia a urgencias: me inmovilizaron la pierna y, como era una fractura expuesta, aconsejaron esperar la atención del seguro.

Si usas moto, ya escribí sobre casco, equipo de protección y manejo defensivo en Seguridad en motocicleta: cómo prevenir accidentes.

Mi línea de tiempo

  1. El día del accidente

    Urgencias y la primera limpieza

    Me dieron antibióticos y me hicieron radiografías. Después de una hora, un médico decidió hacerme una limpieza quirúrgica para retirar un fragmento de mezclilla que se había atascado en el hueso.

    Qué es una fractura expuesta y cómo se trata

  2. Mismo día, primera cirugía

    El fijador externo

    Me limpiaron la herida, me acomodaron el hueso y me colocaron un fijador externo para mantener la tibia en su lugar y poder quitarlo fácilmente si había una infección o alguna complicación.

    Tratamientos y cirugías para una fractura de tibia

  3. Las semanas siguientes

    En casa con el fijador

    Cuidé la herida, hice los ejercicios que me indicaron y llevé el fijador puesto unas cinco semanas.

    Cómo fue mi rehabilitación con el fijador externo

  4. Unas cinco semanas después

    Segunda cirugía: el clavo intramedular

    Con buenos resultados en los estudios previos, me pusieron un clavo intramedular de titanio, que sigo llevando hoy.

    Cómo fue la cirugía del clavo intramedular

  5. Los primeros 15 días

    Vigilancia y primeros ejercicios

    Me dieron de alta entre 3 y 5 días después de la cirugía y ahí empezaron los ejercicios de movilidad de la rodilla y el tobillo, con mi fisioterapeuta.

    Mi rehabilitación después del clavo intramedular

  6. A los 5 meses

    Caminando sin problemas

    Ya podía caminar sin molestias.

    Cómo fue toda mi recuperación

  7. Al año

    De vuelta al ejercicio

    Volví a hacer ejercicio sin molestias. El clavo sigue en mi pierna hasta hoy.

    Actividad física después de una fractura

La primera cirugía y el fijador externo

En Urgencias me dieron antibióticos y me hicieron radiografías. Después de una hora llegó un médico, evaluó mi estado y decidió hacer una limpieza quirúrgica para retirar un fragmento de mezclilla que se había quedado atascado en el hueso. Fue la experiencia más dolorosa que he tenido, porque al inicio no me pusieron suficiente anestesia. De ahí me trasladaron a una habitación a esperar la cirugía.

Antes de entrar a quirófano llegaron dos médicos a explicarme las dos cirugías que me tocaban: la primera, para limpiar la herida, acomodar el hueso y ponerme un fijador externo —un armazón de metal con varillas que sostiene la tibia desde fuera de la piel—; la segunda, para colocar el clavo intramedular, se planeó para uno o dos meses después. También firmé un formato con un dibujo del cuerpo humano donde marqué dónde sería la operación. Ya en el quirófano me pusieron anestesia raquídea y me quedé dormido durante la cirugía.

Mi primera noche después de la cirugía fue tranquila, y la cena me la devoré porque llevaba más de 12 horas sin comer. Los ejercicios de movilidad empezaron en cuanto llegué a la habitación. Al día siguiente, un traumatólogo revisó mi estado y me sorprendió al pedirme que levantara la pierna. También revisó la circulación de mi pie y me recomendó hacer ejercicios de movilidad cada hora, como formar números y letras con la pierna, y me señaló la importancia de mantener una buena higiene en la herida.

Foto sensible de la lesión. Tócala para verla.
Mi pierna izquierda en la cama del hospital con el fijador externo recién colocado: las barras metálicas atraviesan la espinilla y la herida está vendada y con sangre.

Los primeros días con el fijador en casa

Cuando finalmente me dieron de alta, en casa enfrenté algunas dificultades, como dormir incómodo por la falta de ajuste en la cama. Con ejercicios frecuentes y buena higiene, las cosas fueron mejorando. También me costó trabajo hacer actividades cotidianas, como ir al baño, pero con esfuerzo y paciencia las fui superando.

3 fotos sensibles de la lesión. Tócalas para verlas.
  • Herida suturada en la parte baja de la pierna, entre las barras del fijador externo, con costras oscuras alrededor de los puntos.

    Esta herida no ocurrió en el accidente: se formó por mala circulación de la piel entre las dos varillas del fijador.

  • Acercamiento de la misma herida entre dos barras del fijador, con puntos y costra oscura.

    Otra toma de la misma zona, en la parte baja de la pierna.

  • La herida baja entre dos barras del fijador, con puntos y costras que se extienden hacia abajo.

    La misma zona; esto apareció después de la primera cirugía.

Un cuidado extra que me funcionó fue poner bastante crema en las heridas —la que me dio el doctor al darme de alta— en la parte donde salen las varillas del fijador, para evitar que entrara algo de fuera. También ponía una gasa bien apretada entre cada par de varillas, y la venda hacía presión para que no se movieran.

Herida suturada en la espinilla con una zona amarillenta de costra junto a los puntos.

En casa traté de mantener una rutina de ejercicios para recuperar movilidad y evitar complicaciones. También descubrí un par de trucos que me ayudaron: masajear la pierna para aliviar el dolor y ganar movilidad en las articulaciones, y poner hielo con la pierna elevada para bajar la hinchazón. Cuidar la alimentación y no depender solo de los medicamentos para el dolor también ayudó.

En mi caso llevé el fijador puesto unas cinco semanas. Pasado ese tiempo me mandaron a hacer estudios para confirmar que estaba en condiciones para la siguiente cirugía, y al día siguiente de salir bien en esos estudios me hicieron la segunda cirugía.

Esas manchas en la herida son normales. Al principio me asustaron porque creí que eran señal de infección, pero mi traumatólogo me explicó que era por todo lo que se había lastimado internamente esa zona: se forma algo parecido a una costra que se empieza a hacer desde adentro. Esa parte tardó en hacer costra, y me dijo que, si no cicatrizaba bien, me pondría un colgajo; al final no hizo falta.

La segunda cirugía: el clavo intramedular

3 fotos sensibles de la lesión. Tócalas para verlas.
  • Cicatriz con puntos de la segunda cirugía, a la altura de la rodilla, por donde entró el clavo.

    Cicatriz de la segunda cirugía, por donde se introdujo el clavo intramedular, a la altura de la rodilla.

  • Marcas rojizas en la piel donde estaban las barras superiores del fijador externo.

    Zona donde estaban las dos barras superiores del fijador externo.

  • Zona oscura de piel necrosada, con costra, donde estaban las barras inferiores del fijador.

    Zona necrosada donde estaban las dos barras inferiores del fijador externo.

Me dieron de alta entre 3 y 5 días después de la cirugía del clavo, y ahí empezaron los ejercicios de movilidad de la rodilla y el tobillo, ya con la guía de mi fisioterapeuta. Los primeros 15 días después de la segunda cirugía fueron clave para descartar complicaciones. Mi médico también me explicó que el clavo es de titanio.

Rehabilitación y mis tiempos de recuperación

La recuperación después de la segunda cirugía fue más lenta y desafiante, pero seguí con los ejercicios y con caminatas regulares. Poco a poco empecé a cargar más peso en la pierna e hice ejercicios adicionales para recuperar la movilidad y la fuerza. También mantuve una comunicación abierta con mi médico y seguí sus recomendaciones.

Mi médico también me indicó tomar calcio y vitamina D. Lo que dicen las fuentes sobre estos nutrientes está en Alimentación para fracturas.

Radiografía de la tibia y el peroné en dos vistas después de la segunda cirugía: el clavo intramedular recorre la tibia y abajo se ven los tornillos de bloqueo.

A los cinco meses ya caminaba sin problemas, y al año pude volver a hacer ejercicio sin molestias. Hoy sigo con el clavo puesto.

Si quieres los ejercicios que hice en cada etapa, los detallo en Rehabilitación con fijador externo en la tibia, Rehabilitación después de un clavo intramedular y en Recuperación de una fractura de pierna.

Los trámites con el IMSS

Mi accidente fue de camino al trabajo, así que mi incapacidad se tramitó como riesgo de trabajo de trayecto. Para las citas usé la app IMSS Digital y también las saqué en persona en mi UMF (Unidad de Medicina Familiar).

Cuento a detalle cómo funciona ese trámite en Incapacidad del IMSS tras una fractura y Cómo pedir una cita en el IMSS.

Comparte tu historia

Si ya superaste tu fractura y quieres compartir lo que te funcionó, te animo a hacerlo: tu experiencia puede ser de gran ayuda para otros que están pasando por algo parecido. Escríbeme desde la página de contacto; puedes usar tu nombre o un alias, como prefieras.

No publico ninguna historia sin pedir permiso por escrito antes. Puedes ver cómo trato esa información en el aviso de privacidad.